Light Years

“And other times you’ve got friends that don’t fuck up at all, and are great people and you just lose them for some reason. And they’re off the planet and you don’t even get to say goodbye. This is goodbye, and if you have good friends love them while they’re here.” – Eddie Vedder

When it’s over.

Hoy desperté pensando en relaciones que terminan. No, no amorosas. Sí, todavía sigo casada (45 días! but who’s counting?). Cuando las relaciones amorosas terminan es fácil saberlo. Te echan o echas el cuento clásico de no eres tú, este no es el momento adecuado, si no estoy bien conmigo no puedo estar bien contigo, quiero irme de maestría, te voy a extrañar mucho en las vacaciones y por eso mejor cortamos de una vez, estoy embarazada y no sé quién es el papá (pero dudo que seas tú)… lloras unos cuantos días (años), hasta que consigues a alguien más y todo regresa a la normalidad.

¿Pero qué pasa con las relaciones no amorosas? No es como que “cortas” con tu amigo(a), simplemente un día dejan de hablar diario, y cada vez hablan menos y menos, hasta que un día ya no hablan para nada durante todo el mes, y luego durante varios meses, y luego pasan años y no tienes ni idea de qué ha sido de su vida. Te limitas a felicitarlo por facebook en su cumpleaños, porque las probabilidades de que ya ni siquiera tenga el mismo número de teléfono que antes son altísimas y prefieres ahorrarte la fatiga de hablar a un número equivocado. Medio sabes de su vida por sus fotos o sus status updates y con eso te conformas, no necesitas saber más. Hasta que un día te sientas a pensar en cuál fue el momento en el que dejaste de necesitar saber más de su vida que lo que pone en facebook.

Así que, fuera de que hayas tenido una pelea estilo el reality de su preferencia, ¿cómo sabes en qué momento se acabó la amistad?

¿En qué momento dejaron de tener cosas en común? ¿Quién te preguntó si eso era lo que querías? Claro, nadie te pregunto, pero tú también dejaste que pasara. Lo peor de todo es que llega un momento en el que incluso, tu amigo del alma te empieza a caer mal. Y no pasa mucho tiempo antes de que le huyas si te lo encuentras en la calle y hasta llegues a decir que no entiendes cómo pudiste ser su amigo. Cuando te das cuenta, ya lo estás borrando de facebook y pensando que no tienen y nunca tuvieron nada en común.

Y entonces, ¿qué pasó? ¿Cambiaste tú? ¿Cambió él? ¿O simplemente la amistad nunca fue tan importante como para darle seguimiento? (No niego la cruz de mi parroquia, tengo bastantes términos legales en mi repertorio.) Nunca te dio un ultimatum, nunca se pelearon, nunca lloraron la pérdida mutua, simplemente pasó desapercibido. ¿Así es como debe de ser? ¿Acabar una amistad es tan fácil como sustituirla por otra?

Entonces, ¿es posible aplicar el un clavo saca a otro clavo con los amigos? Creo que yo lo he hecho en varias ocasiones, probablemente sin darme cuenta… o más bien, sí me doy cuenta pero no lo hago de manera intencional. Tenemos una necesidad constante de compartir las cosas con alguien más, pero ¿realmente importa quién es ese alguien más? Antes creía que lo único que necesitas hacer cuando tienes un problema es sentarte en el metro todo el día y contarle tus issues a la persona de al lado. ¿Es realmente así de simple? Regresando un poco a mi post anterior, ¿los amigos son reemplazables?

Mi experiencia me dice que hay algunos que sí y algunos que no. Creo que cuando dejamos de buscar a alguien es porque nos deja de hacer falta y empiezo a pensar que todos esos mails ultra cursis que mandaban hace 15 años de “friends are in life for a reason, a season or a change” son ciertos. En cuanto una persona cumple su objetivo en nuestra vida, es fácil dejarla ir. Pero, ¿podemos luchar contra eso? ¿Qué pasa si queremos que una persona se quede más tiempo del que la vida tenía planeado? ¿Podemos hacer que se quede o estamos alterando el orden de la naturaleza y caerá un meteorito justo en nuestra casa?

Amanecí con muchas preguntas, espero que alguien tenga algunas respuestas.

Are We Replaceable?

Hace meses que renuncié a mi trabajo anterior. Creo que soy la primera persona que llora cuando renuncia (o cuando está dando un speech en un debate sobre la legalización de la marihuana en 5to de prepa), pero la verdad es que no quería renunciar. Me llevó muchísimo tiempo tomar la decisión. Iba a entrevistas de trabajo y después esperaba que no me hablaran para no tener que irme. Estaba feliz en mi trabajo y mi jefe era un tipazo. Pero como nada es perfecto en la vida, mi gran trabajo no me daba pal gasto.

Así que bueno, por fin me armé de valor y renuncié. Y sufrí todo el mes que me quedé ahí después de haber renunciado porque, aquí entre nos, esperaba que en el momento de renunciar, mi jefe saltara como knight in shinning armor que va a robarse a la novia cuando está a punto de darle el “sí” al malo y dijera “yo me opongooooooo”. Y pues no, nunca pasó.

Sinceramente no lo entendía. No quería quedarme ahí aunque me lo pidiera, pero quería que me lo pidiera. ¿Si sa’s como? Pues así. Quería que se diera de cuenta de lo maravillosa que soy y de que sin mi su área se caería y él terminaría suicidándose después de acabar con deudas que lo ahogaran a tal grado que tuviera que trabajar de gigoló. Y pues no, nunca pasó.

Ya pasaron algunos meses de eso. Mi indignación se ha ido reduciendo constantemente poco a poco, aunque a veces mi devastación moral regresa para acabar con mi felicidad momentaneamente. Hasta que ayer por fin lo entendí, o más bien, vi lo que siempre me negué a ver: todos somos reemplazables.

Por lo menos esa es la teoría de mi ex-jefe. Y supongo que le ha funcionado todas las veces que alguno de sus empleados renuncia, así sin más (lo deduzco porque hasta la fecha no se ha suicidado, ni ha tenido que trabajar de gigoló hasta donde tengo entendido). Y aunque yo ya lo sabía, porque en diversas ocasiones estuve ahí cuando otros renunciaban, no lo quería creer. O más bien, me contaba el cuento que todas las mujeres se cuentan cuando ven a los hijos malcriados de sus amigas: “pero conmigo va a ser diferente”. In other words: bullshit.

Lo que me cuesta trabajo averiguar es si en verdad todos somos reemplazables en todos los aspectos de nuestra vida, o si somos reemplazables al menos en alguno. ¿En verdad todo lo que uno hace lo puede lograr alguien más? ¿En verdad no hay nada que nos distinga de otros? ¿No tenemos algún talento particular, o es simplemente que ese talento no es tan relevante? Suponiendo que leyéramos revistas, ¿lograríanos darnos cuenta si intercambiaran a nuestra columnista favorita por otra, sin cambiar el nombre?

Mientras no podía dormir (o mientras dormía, no estoy segura), llegué a asuntos mucho más profundos. ¿Somos reemplazables en la vida? Si en lugar de empezar a salir con mi primer novio, hubiera empezado a salir con su amigo, ¿me hubiera enamorado de él? Si nunca hubiera conocido a Ex-Prometido #1 (Ahora Esposo #1) y me hubiera casado con alguien más ¿no hubiera sido tan feliz? ¿Nos enamoramos de alguien o de algo? ¿De un sentimiento o de una (o varias) cualidad personal?

Creo que todos tenemos formas distintas de hacer las cosas, que van relacionadas con la personalidad y demás cosas. Aunque la historia nos haya enseñado lo contrario, lo contrario siendo que siempre que cortan (ustedes mortales) con alguien, encuentran a alguien más y siguen adelante sin problema alguno. Lo contrario siendo que cuando alguien renuncia, es reemplazado sin más ni más. Y ese novio de reemplazo o empleado de reemplazo sigue haciendo el mismo trabajo que hacia el anterior, algunas veces hasta por menos dinero. (¿Qué, ustedes nunca le han pagado a sus novios? No han vivido…).

Entonces, ¿somos o no reemplazables? Si se muere tu perrito y adoptas otro, ¿no le enseñas los mismos trucos? Vaya, hay gente que hasta le pone el mismo nombre. ¿No le enseñas los mismos trucos también a tu nuevo empleado, o a tu nuevo novio? (Paren ya de juzgarme, si sus novios no hacen trucos no es mi culpa). Entonces, ¿no somos reemplazables? o más bien ¿queremos que la gente sea reemplazable y nosotros hacemos que sean reemplazables? Si es el segundo caso, ¿que detiene a los demás de hacernos reemplazables a nosotros? En un mundo lleno de juegos mentales, ¿cómo logramos que esto se detenga? Y en el fondo, ¿queremos que se detenga?

Sus respuestas son bienvenidas, porque yo ya me volví a arder de que mi ex-jefe no me pidiera que me quedara. ¿Reemplazable, yo? Pamplinas.