Hoy Ten Miedo de Mi

Hace ya algunos años se escuchó por primera vez el llanto de un niño, llegaba al mundo un pequeño al que sus padres (hippies que quisieron que naciera en su casa, en su propia cama) pusieron por nombre Jonathan Geovanni Blázquez. Está por demás decir que Jhonny (sí, así mal escrito le gustaba más) creció traumado no solo por ver a sus papás dormir todos los días en la misma cama en la que él había nacido, sino por el méndigo nombre que le fueron a poner. Sus traumas lo hicieron ser awkward en su “tierna” infancia y granosa adolescencia por lo que tuvo que buscar refugio en la música. Escribiendo letras y componiendo música que firmaba con el nombre Jonathan G. Blázquez.

Así, Jhonny granosamente creció con la ilusión de convertirse en un cantautor famoso. Pasaba sus tardes cantando en bares bajo pseudónimos como Nacha Hinojosa, Fernando Gordillo, David Beisbol, Ricardo Rajona y Alejandro Sainz (porque los nombres verdaderos estaban registrados ante el INDAUTOR y Jhonny será muchas cosas, pero jamás un ilegal. De hecho también cantó canciones de los Ilegales, bajo el nombre “Los Legales”). También componía sus propias letras, para no lucrar con material protegido.

Sus más grandes éxitos del momento incluyen “Estoqueada Mía”:

Estoqueada mía lo sé solo vives por él, a quién estoqueo también.  Pero él no te ve como yo desnudarte en tu alcoba, querida, me has enseñado tus copas. Es tu piel lo que veo de noche y me enloqueces con cada botón que te desabrochas mientras te estoy espiando. Él no te ha visto sentada en el baño mientras te encueras y no sacas el brazo. Él no te ve como yo pujando con los ojitos abiertos de par en par esperar a que caiga. ¡Ay estoqueada mía lo sé y él también! Estoqueada mía no sé qué decir ni qué hacer para dejarte de seguir. Ojalá pudiera mandar en el alma o en tu libertad, que es lo que a él le hace falta. Llenarte los bolsillos de greñas robadas, de trenzas y coletas de ti sacadas. Yo quiero regalarte una poesía, tú piensas que estoy dando las noticias. Estoqueada mía, ojalá algún día escuchando mi canción de pronto entiendas que lo que nunca quise fue robar tus llaves porque pudieran resultar comprometedoras. Pero perdona, estoqueada mía, no es retraso ni sabiduría, ésta es mi manera de decir las cosas, no es que sea mi trabajo estoquearte así. Estoqueada mía, princesa de la iberoamericana, estoqueada mía, tan solo prentendo que escribas de mi, estoqueada mía, a ver si uno de estos días por fin aprendo a hablar sin tener que espiarte tan seguido, que toda esta historia me importa porque eres mi “amiga”. Estoqueada mía  lo sé solo vives por él, a quién estoqueo también.  Pero él no te ve como yo desnudarte en tu alcoba, querida, me has enseñado tus copas. Es tu piel lo que toco de noche. Estoqueada mía no sé qué decir ni qué hacer para dejarte de seguir. Ojalá pudiera mandar en el alma o en tu libertad, que es lo único que me falta. Llenarte los bolsillos de greñas robadas, de trenzas y coletas de ti sacadas. Yo quiero regalarte una poesía, tú piensas que estoy dando las noticias. Estoqueada mía, princesa de la iberoamericana, estoqueada mía, tan solo prentendo que escribas de mi, estoqueada mía, a ver si uno de estos días por fin aprendo a hablar sin tener que espiarte tan seguido, que toda esta historia me importa porque eres mi “amiga”. 

Así, conforme fue creciendo y le fueron gustando las chicas, Jhonny pensó que la mejor forma de conquistarlas era escribiendoles canciones y cantándoselas con su poco melodiosa y desafinada voz. Su primer intento de conquista fue con una niña de su escuela, Jacinta. Él tenía 13 años, ella 8.
Después de meses de verla todos los días mientras jugaba en el recreo con sus amiguitas, de esperarla afuera de su salón y de seguirla a su casa, de esperar afuera de su casa para poder verla aunque fuera por la ventana y de mandarle cartas anónimas, un día se armó de valor. Llegó a la escuela en la mañana pero no entró a clases. Había robado la bicicleta de Jacinta de su casa y la había decorado con recortes de fotos de los dos. La puso en medio del patio de la escuela e instaló una bocina y su amplificador, llevó su guitarra y esperó a que fuera el recreo y Jacinta saliera de su salón para empezar a tocar esta canción:
Inmediatamente corrió una de las maestras a detener a Jacinta (a quien tuvo que taclear porque a pesar de tener 8 años, Jacinta media 1.60 y pesaba 70 kgs.), mientras Jacinta ya iba caminando hacia su bicicleta. A Jhonny le gritaron en repetidas ocasiones que era un pedófilo. Él no lo entendía, simplemente estaba enamorado. Su primer amor. Jacinta logró soltarse de los débiles brazos de su miss y corrió hacia donde estaba Jhonny. Jhonny emocionado sonreía y la esperaba con los brazos abiertos, posición que sirvió de maravilla para que Jacinta pudiera llegar a patearle los bajos. No contenta con eso, Jacinta y su gran humanidad aprovecharon que Jhonny estaba tirado en el piso del dolor para acercársele al oído (en este momento Jhonny estaba otra vez emocionado, pensando que tendría otra oportunidad) y susurrarle no te me vuelvas a acercar en la vida o te corto los huevos (ay, esta juventud tan mal hablada…).
A pesar de la mala elección de canción, el dolor que le duró por días y el rechazo de su amada, Jhonny nunca dejó de estar enamorado del amor. De hecho, apenas estaba empezando.

Nota de Wewereonlykids: Esta historia es completamente producto de la imaginación de la autora, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

Nota 2 de Wewereonlykids: Esta historia (y todas las historias escritas en este blog) está registrada ante el INDAUTOR y protegida por todas las leyes aplicables en materia de derechos de autor. Su uso sin el consentimiento del autor será gravemente infraccionado.

Rush hour

El otro día me encontré una carpeta que hice para mi clase de Orientación Profesional en prepa. Entre varias otras estupideces, me encontré un ensayo en el que hablaba de las dos decisiones más importantes en la vida, según mi 18 year-old self: qué carrera estudiar y con quién te casas. Solía pensar que there’s no room for error en cuanto a esas dos cosas se refiere.

Varios años después coincido solo con una de las dos. A mis CASI 27 años no creo que la carrera que estudias necesariamente defina el resto de tus días. Estoy convencida al 100% que me equivoqué de carrera, aunque si tuviera la oportunidad de viajar en el tiempo, bien Marty McFly, y regresar al día en el que hice mi examen de admisión para la Ibero, no sé qué carrera escribiría en el papelito del examen. Pero bueno, no creo ser la primera ni la última persona que siente frustración extrema por haber “desperdiciado” 4 años y medio de su vida en algo que resulta que no es lo que quiere hacer toda su vida (o mientras se casa, cada quien…). Y tampoco creo que sea un caso perdido. Tantas y tantas historias de éxito totalmente ajeno a la carrera elegida me respaldan, como el caso del Lic. en Negocios Internacionales y Fotógrafo Pablo Cruz.

Pero en el tema del amor, el matrimonio y los hijos, sigo pensando exáctamente lo mismo. Me sorprende que haya tanta gente que cínicamente piensa que casarse no es una decisión trascendental en la vida. Estudié Derecho (sigh) y sé perfectamente lo fácil que es simplemente divorciarse (cada vez más fácil; en mi época todavía se necesitaba alguna causal), pero eso no quiere decir que te debas casar for the time being. No me voy a poner cursi con el tema de los vows y las promesas que se leen frente al padre, rabino, pastor, juez o chamán de su elección, pero sí creo que es una decisión idealmente para toda la vida. No, no es que crea que debas quedarte casada aunque te peguen o te engañen o tengas que sufrir cada noche por el gusto de pedorrearse de tu marido… más bien creo que la idea es elegir tan bien a esa persona que no sea alguien que te pegue o te engañe o se pedorree todas las noches (unless you’re into that, in which case… sigh…).

Todo este pensamiento NO CURSI (cursi The Notebook, ¿mi blog qué?) me llevó a recordar a un conocido a cuya boda asistí como +1 de algún novio cuyo número no recuerdo, hace ya algunos años. Fui invitada a la boda sin saber la historia de los novios, ni sabía cómo se llamaban ni de donde eran ni mucho menos me importaba, yo iba solo para ponerme el disfraz de Timbiriche y cantar como Sasha el popurrí de Vaselina (¡ah, verdad!). Pero ya en el evento vi que la novia estaba fuera de control de la emoción y el novio… not so much. El novio se veía estresado, demacrado y en general, triste (después de analizar las fotos, la mayoría de las cuales me incluyen con el rimel corrido porque malcopee un poco, me di cuenta de que en las 4 que salía el novio se podía notar su cara de fuck), y la novia ni enterada.

Antes de malcopear, le pregunté a aquel novio al que llamaremos Cástulo, Cástulo, mi vida y mi amor, ¿qué carajos le pasa al patán de tu amigo que se ve que la pasa fatal en su boda? Entonces Cástulo me contó la historia. Resulta que el novio, entonces jefe de Cástulo (laboral eh, no crean que era su papá) tenía ya una cierta edad y llevaba ya un cierto tiempo con la novia quien constantemente le recordaba que ella era 10 años mayor que él y que su vajayjay se le iba a empezar a secar in no time y si no se apuraba a casarse iba a terminar como Madonna adoptando niños africanos.

Obviamente el novio no cedía a las presiones de MiniMadonna. Se hacía el que le urgía ir al baño cuando pasaban por la sección de bebés del Palacio de Hierro y de plano evitaba el tercer piso (Registro de Bodas… eso te deja el casarte…). En cuanto MiniMadonna le insinuaba algo, él le contestaba con algo nadaquever (e.g.: ay, mi gordi bomboni fíjate que a mi amiga Laurita le acaba de dar el anillo su novio Manolito y NO SABES LO HERMOSO QUE ESTÁ, osea simplemente divino porque fijate que… calla, MiniMadonna, no digas más porque tengo algo MUY importante que preguntarte *MiniMadonna abre los ojos como venado lampareado, repasando en su cabeza lo primero que va a hacer y si va a llorar o no de la emoción, es cuando se acuerda de que no compró el rimel waterproof porque estaba más caro, entonces si decidiera llorar se vería ridícula con la cara toda manchada de azul (no juzguen a MiniMadonna y sus gustos ‘rockeros’)* ¿vas a querer ir al cine o no? *MiniMadonna grita ¡SÍ! sin dejar que el novio termine la oración y queda como la loca que llora de emoción porque su novio la va a llevar al cine).

Así pasaron años. MiniMadonna se estaba haciendo cada vez más vieja y sus amigas empezaban a casarse. Cada boda era un drama más grande. Todo empezaba muy bien, MiniMadonna hacía su papel de madrina sin contratiempos, pero en cuanto llegaba el primer shot todo se iba a la mierda. Lágrimas y más lágrimas, incluso golpes en las últimas ocasiones. Hasta que un día el novio ya no pudo más: creo que es hora de que empecemos a ver a otras personas, MiniMadonna, cada vez pareces menos Mini y más Madonna y pues… me no likey. MiniMadonna no supo que contestar a eso. Podía quejarse, recordarle los años que llevaban juntos y todo lo que hacía por él en la cama, los ‘galanes’ que había dejado ir por serle fiel y la cantidad infinita de veces que se había peleado con su mamá porque llegaba a su casa oliendo a motel… ¿y todo para qué? Para que al final la dejara en la calle (la puerta de su casa, no hagan caso al drama) así sin más, sin anillo y sin casarse con ella. Sus mejores años desperdiciados. Pero no lo hizo. Se bajó lenta y dignamente del coche y caminó hasta la puerta de su casa sin voltear.

El novio estaba emocionado, por fin se había librado de la próxima momia de Guanajuato. En ese instante le habló a todos sus amigos solteros para que fueran a buscar mujeres de la vida galante que se vieran menos mal que MiniMadonna. Sus amigos lo mandaron al cuerno, básicamente porque era la 1am en martes de quincena y todos los lugares adecuados estarían llenos de oficinistas. Al novio no le quedó de otra más que irse, tristemente, a dormir. Pero el primer fin de semana de regreso a la soltería, el novio se desquitó. Le pidió a las novias y esposas de sus amigos que llevaran a sus amigas para que se las presentaran. Le llevaron a 10 el mismo día. El novio estaba feliz, no se daba abasto. Estuvo así como 2 meses, hasta que llegó un momento en que se dio cuenta de que ninguna mujer era como su pequeña momia MiniMadonna. Ninguna se dejaba hacer lo que ella ni le hacía las cosas que a él le gustaban (ya ni siquiera había podido usar sus esposas). No tenía a nadie con quién ir al cine ni con quién llegar a una fiesta donde había puras parejitas.

Fue entonces cuando recuperó la razón. Compró un anillo, se trajo un caballo desde su rancho en Tlaxcala, contrató una carroza estilo Cenicienta y llegó vestido de Prince Charming (traje blanco con zapato de charol a juego y toda la cosa) a casa de MiniMadonna. Por supuesto que la tal estaba más que emocionada por el super detalle del novio y para nada se le hizo extraño que después de dos meses de no hablar y no saber nada el uno del otro, llegara tan campante por ella en carroza. Cuando el novio tocó la puerta de casa de MiniMadonna y abrió su mamá, la señora no paraba de llorar de emoción y solo se oían sus gritos ¡Ora sí, mijita! ¡Llegó la hora!

El novio no sabía muy bien qué estaba pasando con MiniMadonna y su mamá, hasta que vio bajar a su dama vestida de la mismísima Cenicienta, peluca güera enchongada y toda la cosa. Se asustó un poco, pero lo dejó pasar. Se asustó un poco más cuando se dio cuenta de que el vestido de Cenicienta estaba hecho realmente de tela de leopardo pintada de azul. Un pequeño defecto con el cual vivir, pensó. Y sin dudarlo más, sacó la cajita con el anillo a la mitad de Periférico Sur y le pidió matrimonio a MiniMadonna. La otra brincaba de alegría, se bajó a correr entre los coches gritando algo que el novio no alcanzó a escuchar bien, pero sonaba como ¡ahora sí, perras!

Pasaron meses que se fueron volando con la planeación de la boda. Meses en los que el novio se dio cuenta de más detallitos de MiniMadonna, como que quería que todas las flores de la boda estuvieran pintadas de verde y llevaran brillantina, además de que para el banquete eligió romeritos y blanco del nilo en escabeche. Quería que su vestido fuera de animal print porque era la moda y no solo eso, además pretendía que el novio y los padrinos llevaran corbatas también con animal print.

Para el día de la boda el novio ya estaba asqueado de la persona con la que se iba a casar, pero nunca dijo nada. Después de que Cástulo me contó la historia, en plena boda, me empecé a dar cuenta de varios detalles: el vestido de MiniMadonna era, en efecto, de animal print verde con el escudo del Santos bordado en las pompas, además de que era mini; la música eran puras canciones de Jordy (el cassette, de hecho, y solo le daban la vuelta una y otra vez); sobre las mesas había bolsas de plástico con agua colgando ‘para que no se acercaran las moscas’ (cabe mencionar que fue en un salón); el ‘Maestro de Ceremonias’ (sí, hubo maestro de ceremonias) fue Marco Antonio Regil; en lugar de disfraces de Timbiriche, fueron de la Arrolladora Banda Limón.

Por unos 3 meses después de la boda nos olvidamos por completo de el novio MiniMadonna, hasta la comida de navidad de la empresa donde trabajaban Cástulo y el novio. La comida era con parejas y el novio, pasado de shots, terminó haciendo un escándalo porque MiniMadonna iba vestida como Madonna (la verdadera) en su video de Vogue, con una blusa de encaje transparente y nada abajo. No le dijo nada a ella, pero a todos los empleados y sus acompañantes les dejó muy claro que su esposa es una corriente y que no sabe cómo está casado con ella.

A los 6 meses de casados ya se habían divorciado. Todo porque un día al novio se le salió decirle a MiniMadonna en la cara que era una corriente y naca. Ella ya estaba embarazada y ahora pelean la custodia de su menor hija: MicroMadonna. 

Y entonces lo único que yo me pregunto es ¿por qué carajos te casaste en primer lugar?

No hay prisa, tómense su tiempo y no se casen solo “porque ya es hora”. A la fregada con la presión de la pareja. Son decisiones para toda la vida (más cuando eres tan idiota de embarazarte/embarazarla porque así no te vas a poder deshacer nunca de él/ella).

Light Years

“And other times you’ve got friends that don’t fuck up at all, and are great people and you just lose them for some reason. And they’re off the planet and you don’t even get to say goodbye. This is goodbye, and if you have good friends love them while they’re here.” – Eddie Vedder

When it’s over.

Hoy desperté pensando en relaciones que terminan. No, no amorosas. Sí, todavía sigo casada (45 días! but who’s counting?). Cuando las relaciones amorosas terminan es fácil saberlo. Te echan o echas el cuento clásico de no eres tú, este no es el momento adecuado, si no estoy bien conmigo no puedo estar bien contigo, quiero irme de maestría, te voy a extrañar mucho en las vacaciones y por eso mejor cortamos de una vez, estoy embarazada y no sé quién es el papá (pero dudo que seas tú)… lloras unos cuantos días (años), hasta que consigues a alguien más y todo regresa a la normalidad.

¿Pero qué pasa con las relaciones no amorosas? No es como que “cortas” con tu amigo(a), simplemente un día dejan de hablar diario, y cada vez hablan menos y menos, hasta que un día ya no hablan para nada durante todo el mes, y luego durante varios meses, y luego pasan años y no tienes ni idea de qué ha sido de su vida. Te limitas a felicitarlo por facebook en su cumpleaños, porque las probabilidades de que ya ni siquiera tenga el mismo número de teléfono que antes son altísimas y prefieres ahorrarte la fatiga de hablar a un número equivocado. Medio sabes de su vida por sus fotos o sus status updates y con eso te conformas, no necesitas saber más. Hasta que un día te sientas a pensar en cuál fue el momento en el que dejaste de necesitar saber más de su vida que lo que pone en facebook.

Así que, fuera de que hayas tenido una pelea estilo el reality de su preferencia, ¿cómo sabes en qué momento se acabó la amistad?

¿En qué momento dejaron de tener cosas en común? ¿Quién te preguntó si eso era lo que querías? Claro, nadie te pregunto, pero tú también dejaste que pasara. Lo peor de todo es que llega un momento en el que incluso, tu amigo del alma te empieza a caer mal. Y no pasa mucho tiempo antes de que le huyas si te lo encuentras en la calle y hasta llegues a decir que no entiendes cómo pudiste ser su amigo. Cuando te das cuenta, ya lo estás borrando de facebook y pensando que no tienen y nunca tuvieron nada en común.

Y entonces, ¿qué pasó? ¿Cambiaste tú? ¿Cambió él? ¿O simplemente la amistad nunca fue tan importante como para darle seguimiento? (No niego la cruz de mi parroquia, tengo bastantes términos legales en mi repertorio.) Nunca te dio un ultimatum, nunca se pelearon, nunca lloraron la pérdida mutua, simplemente pasó desapercibido. ¿Así es como debe de ser? ¿Acabar una amistad es tan fácil como sustituirla por otra?

Entonces, ¿es posible aplicar el un clavo saca a otro clavo con los amigos? Creo que yo lo he hecho en varias ocasiones, probablemente sin darme cuenta… o más bien, sí me doy cuenta pero no lo hago de manera intencional. Tenemos una necesidad constante de compartir las cosas con alguien más, pero ¿realmente importa quién es ese alguien más? Antes creía que lo único que necesitas hacer cuando tienes un problema es sentarte en el metro todo el día y contarle tus issues a la persona de al lado. ¿Es realmente así de simple? Regresando un poco a mi post anterior, ¿los amigos son reemplazables?

Mi experiencia me dice que hay algunos que sí y algunos que no. Creo que cuando dejamos de buscar a alguien es porque nos deja de hacer falta y empiezo a pensar que todos esos mails ultra cursis que mandaban hace 15 años de “friends are in life for a reason, a season or a change” son ciertos. En cuanto una persona cumple su objetivo en nuestra vida, es fácil dejarla ir. Pero, ¿podemos luchar contra eso? ¿Qué pasa si queremos que una persona se quede más tiempo del que la vida tenía planeado? ¿Podemos hacer que se quede o estamos alterando el orden de la naturaleza y caerá un meteorito justo en nuestra casa?

Amanecí con muchas preguntas, espero que alguien tenga algunas respuestas.

Are We Replaceable?

Hace meses que renuncié a mi trabajo anterior. Creo que soy la primera persona que llora cuando renuncia (o cuando está dando un speech en un debate sobre la legalización de la marihuana en 5to de prepa), pero la verdad es que no quería renunciar. Me llevó muchísimo tiempo tomar la decisión. Iba a entrevistas de trabajo y después esperaba que no me hablaran para no tener que irme. Estaba feliz en mi trabajo y mi jefe era un tipazo. Pero como nada es perfecto en la vida, mi gran trabajo no me daba pal gasto.

Así que bueno, por fin me armé de valor y renuncié. Y sufrí todo el mes que me quedé ahí después de haber renunciado porque, aquí entre nos, esperaba que en el momento de renunciar, mi jefe saltara como knight in shinning armor que va a robarse a la novia cuando está a punto de darle el “sí” al malo y dijera “yo me opongooooooo”. Y pues no, nunca pasó.

Sinceramente no lo entendía. No quería quedarme ahí aunque me lo pidiera, pero quería que me lo pidiera. ¿Si sa’s como? Pues así. Quería que se diera de cuenta de lo maravillosa que soy y de que sin mi su área se caería y él terminaría suicidándose después de acabar con deudas que lo ahogaran a tal grado que tuviera que trabajar de gigoló. Y pues no, nunca pasó.

Ya pasaron algunos meses de eso. Mi indignación se ha ido reduciendo constantemente poco a poco, aunque a veces mi devastación moral regresa para acabar con mi felicidad momentaneamente. Hasta que ayer por fin lo entendí, o más bien, vi lo que siempre me negué a ver: todos somos reemplazables.

Por lo menos esa es la teoría de mi ex-jefe. Y supongo que le ha funcionado todas las veces que alguno de sus empleados renuncia, así sin más (lo deduzco porque hasta la fecha no se ha suicidado, ni ha tenido que trabajar de gigoló hasta donde tengo entendido). Y aunque yo ya lo sabía, porque en diversas ocasiones estuve ahí cuando otros renunciaban, no lo quería creer. O más bien, me contaba el cuento que todas las mujeres se cuentan cuando ven a los hijos malcriados de sus amigas: “pero conmigo va a ser diferente”. In other words: bullshit.

Lo que me cuesta trabajo averiguar es si en verdad todos somos reemplazables en todos los aspectos de nuestra vida, o si somos reemplazables al menos en alguno. ¿En verdad todo lo que uno hace lo puede lograr alguien más? ¿En verdad no hay nada que nos distinga de otros? ¿No tenemos algún talento particular, o es simplemente que ese talento no es tan relevante? Suponiendo que leyéramos revistas, ¿lograríanos darnos cuenta si intercambiaran a nuestra columnista favorita por otra, sin cambiar el nombre?

Mientras no podía dormir (o mientras dormía, no estoy segura), llegué a asuntos mucho más profundos. ¿Somos reemplazables en la vida? Si en lugar de empezar a salir con mi primer novio, hubiera empezado a salir con su amigo, ¿me hubiera enamorado de él? Si nunca hubiera conocido a Ex-Prometido #1 (Ahora Esposo #1) y me hubiera casado con alguien más ¿no hubiera sido tan feliz? ¿Nos enamoramos de alguien o de algo? ¿De un sentimiento o de una (o varias) cualidad personal?

Creo que todos tenemos formas distintas de hacer las cosas, que van relacionadas con la personalidad y demás cosas. Aunque la historia nos haya enseñado lo contrario, lo contrario siendo que siempre que cortan (ustedes mortales) con alguien, encuentran a alguien más y siguen adelante sin problema alguno. Lo contrario siendo que cuando alguien renuncia, es reemplazado sin más ni más. Y ese novio de reemplazo o empleado de reemplazo sigue haciendo el mismo trabajo que hacia el anterior, algunas veces hasta por menos dinero. (¿Qué, ustedes nunca le han pagado a sus novios? No han vivido…).

Entonces, ¿somos o no reemplazables? Si se muere tu perrito y adoptas otro, ¿no le enseñas los mismos trucos? Vaya, hay gente que hasta le pone el mismo nombre. ¿No le enseñas los mismos trucos también a tu nuevo empleado, o a tu nuevo novio? (Paren ya de juzgarme, si sus novios no hacen trucos no es mi culpa). Entonces, ¿no somos reemplazables? o más bien ¿queremos que la gente sea reemplazable y nosotros hacemos que sean reemplazables? Si es el segundo caso, ¿que detiene a los demás de hacernos reemplazables a nosotros? En un mundo lleno de juegos mentales, ¿cómo logramos que esto se detenga? Y en el fondo, ¿queremos que se detenga?

Sus respuestas son bienvenidas, porque yo ya me volví a arder de que mi ex-jefe no me pidiera que me quedara. ¿Reemplazable, yo? Pamplinas.

De Corazones Rotos y Otras Leyendas Urbanas.

Hace mucho que no escribía. Tengo muchos pretextos para darles, como la planeación de mi boda (lo más estresante de la vida entera…), cambio de trabajo, venta de coche, búsqueda de departamento y planeación de luna de miel. El problema principal es que quiero hacer todo al mismo tiempo, solo me falta decidir por tomar clases de paracaidismo en estas fechas para estar oficialmente loca. Sin pretextos, la verdadera razón por la que hace tanto que no escribía es que al parecer un día te puedes quedar sin palabras, nada que decir, y te conviertes en un “one hit wonder” como los que cantan la Macarena. Ese es uno de mis más grandes miedos, junto con la idea de encontrar cucarachas en algún hotel de mi luna de miel, entre otros dramas. Así que con la idea de no ser un “one hit wonder” regreso a las andadas.

Mi insomnio de hoy me ha permitido ponerme a pensar en los corazones rotos. He tenido mi share de novios en la vida (pero ya tuve al último, fiuf. Gracias Prometido #1) y con tanto novio pues también he tenido una buena cantidad de break-ups. Después de tantos años de lágrimas, manos sudorosas (suyas, no mías eh), llamadas a las 3 de la mañana y dramas juveniles, he aprendido algunas cosas. Eso me da derecho (según lo creo yo) de ir por la vida aconsejando a gente que no necesariamente me pide un consejo. Como el ir por la vida recetándole a todo el que se pase por en frente mi verdad acerca del amor y el desamor se ha convertido en un conjunto de experiencias poco agradables con gente que no necesariamente lo toma por el lado amable, he decidido compartir mi sabiduría contigo, mi seguramente único pero siempre querido lector.

Es completamente falso eso de que le deseas lo mejor al idiota que te cortó. Al contrario, lo único que quieres en el fondo es verlo sufrir como él te hizo sufrir a ti. No quieres que sea feliz “porque lo quieres” o porque “si él es feliz, tú eres feliz”. Esa es una de las mentiras más grandes del ser humano. Lo único que puedes querer es que la fea, gorda y arrastrada por la que te cambió le pinte el cuerno y le contagie gonorrea. Eso claro, porque en tu pequeña cabecita es la forma en la que él se dará cuenta de lo que perdió dejándote, porque tú no eres ni fea ni gorda ni arrastrada y aparentemente no tienes ninguna enfermedad contagiosa. Pero la realidad de las cosas es que eso prácticamente nunca pasa. Resulta que la fea, gorda y arrastrada por la que te cambió realmente no tiene gonorrea, no le pinta el cuerno, es más guapa que Kate Beckinsale y con un cuerpo que te cagas, y por si todo eso fuera poco resulta que es linda, simpática, con doctorado en biología molecular (¿eso existe?) y heredera de Giorgio Armani. En pocas palabras: estás frita. Así que aquí van algunos consejos:

1. Tu linda relación se fue al caño, no es momento de recuperarla y probablemente nunca lo sea. Deal with it.

2. La persona que conocías, con quien tuviste esa linda relación, seguramente ya no es la misma. No puedes esperar que una persona sea igual que hace 10 años.

3. There’s plenty more fish in the sea. Aunque claro, de acuerdo con tu obtuso cerebro, ningún otro pez será tan detallista y lindo y cariñoso como aquel lenguado lo era contigo. Búscate una barracuda, puede que te lleves una buena sorpresa.

4. SIEMPRE hay una razón por la que te cambiaron por alguien más. La realidad es que rara vez se equivocan, así que no esperes que la deje y regrese a tus brazos. Aunque en este punto me quiero contradecir porque a mí me pasó exactamente lo contrario. No, no me cambiaron y regresaron a mi dándose cuenta de su error, pero yo sí lo hice. Y sí me di cuenta de mi error. Pero ese caso no es la regla, es la excepción, así que no vivas pensando en que eso va a pasarte.

5. Por más que lo quieras negar, cuando una relación termina generalmente es por algo. Si se buscó a alguien más o te cambió o simplemente te dejó es porque probablemente ya no estaba a gusto contigo. Deal with that too.

6. No importa cuanto trates, nunca te vas a acordar de las cosas malas ni de los pleitos, no lo intentes, es una gran pérdida de tiempo. Siempre te vas a acordar de las cosas buenas y eso es lo que va a hacer que te despiertes llorando 3 años después y quieras hablarle por teléfono. Don’t. Las probabilidades de que esté dormido son altísimas, las probabilidades de que no esté dormido y esté acompañado por alguien más son aún más altas, pero las probabilidades de que ni siquiera sepa quien habla son del 99.99%.

7. Si tu idea de darle celos es siendo “amiga” de sus amigos, no lo hagas. No le dan celos, le da lástima.

8. Ten dignidad y quiérete tantito, rogona.

9. Un clavo saca a otro clavo. Suelta la caja de chocolates o la bolsa de Doritos y ve a conseguirte a otro novio.

10. Stalkear está bien, mientras no se entere.

Así que señores, señoras y señoritas de moral distraída, dejen de creer que las cosas les van a caer del cielo, dejen de vivir esperanzados con algo que no va a llegar y dejen de repetirse como tontos “good things come to those who wait“, porque si no saben el grado de bullshit que es eso, deberían estar internados en un manicomio. Sí, obvio creo en Dios y obvio creo que maneja todo a su antojo, pero no es como que si se paran a la mitad de la calle va a bajar del cielo en una nube estilo el mugroso mono de Mario Bros que te lanza azotadores a llevarte sano y salvo a la banqueta para evitar que te atropellen. Tampoco te va a soplar las respuestas en un examen y mucho menos va a borrar todos los tuits y los mensajes que se te ocurre mandar después de haber ingerido cantidades exageradas de alcohol. Así que tienen que empezar a darse cuenta de que en la vida solo ustedes son responsables de ustedes mismos, dejar de echarle la culpa a Dios o al novio que se fue o a la zorra que se le arrimó, salir y  hacer algo de provecho con sus vidas. Chop, chop, que al mal paso darle prisa.

Nota de wewereonlykids: ya, ya, al parecer Mi Yo Hater fue muy duro con ustedes. No se pongan a llorar. Mi Yo Hater también tiene un lado tierno y positivo, y los quiere y les manda un abrazo y varios besos en la boca. Al parecer, Mi Yo Hater también es algo promiscuo. 

El que no arriesga, arriesga más.

“Be the change you want to see in the world.” – Gandhi.

Hasta hace dos semanas pensaba que esa frase era la bullshit más grande de la historia y sacada de una de las tantas mangas del querido Gandhi. Pasé 26 años, 2 meses y 25 días creyendo que la gente no cambia, estando segura de que -aunque crecemos y maduramos y vemos la vida de distinta manera- siempre tenemos la misma esencia.

Pero fue hace dos semanas cuando me di cuenta de lo contrario. Pablo me dijo que estaba bien cambiar de idea cada día, pensar una cosa hoy y otra totalmente distinta mañana, mientras ese día mis acciones sean coherentes con lo que pienso en ese momento. Habiendo oído eso (yo, siempre buscando la aceptación de los demás -que alguien me diga que algo está bien-), le di rienda suelta a la imaginación y me puse a hacer una lista mental de todas las teorías que he tenido en mi vida (y son MUCHAS). Me puse a pensar cuáles de ellas realmente seguían teniendo sentido y cuáles simplemente ya no.

De entre todas mis teorías me encontré con una en especial, la que más me preocupa. Pasé toda mi vida estando completamente segura de que la gente no cambia. Sí, crecemos y vemos las cosas de una forma distinta, vamos acumulando experiencias que hacen que todo a nuestro alrededor cambie, pero nuestra esencia siempre es la misma. O eso pensaba yo antes. Hoy no. Hoy pienso que sí podemos cambiar, que darnos cuenta de nuestros errores y buscar corregirlos es parte de crecer, aceptar que estamos mal y no querer (o creer que no podemos) cambiarlo es simple soberbia y necedad.

Claro que cambiamos, constantemente, incluso cuando hagamos todo lo posible por no cambiar. Ya no soy la misma niña de 16 años que conoció a Pablo. Ya no soy ultra fan de Savage Garden ni tomo Bacardí. Ya no bailo en las trajineras con pantalones acampanados al ritmo de “Minutos”. Ya no escribo historias desgarradoramente dramáticas, ni me sigue gustando hablar por teléfono a las 2 de la mañana. Tampoco siento que me da roña subirme a un microbus para ir de Loreto a Escenaria. Ya no tengo a las mismas amigas ni aguanto desvelarme en un antro hasta las 7 de la mañana para estar en la playa 3 horas después. Ya no soy tan hater (soy MUCHO más jaja). Ya no puedo ir al cine sin comer palomitas. Ya no me siento en los lugares más escondidos del cine para que nadie me vea darle besos a mi novio.

Y no, no es que no haya superado mi pasado, pero a veces es bueno recordar cómo pensabas antes, las cosas que hacías y las reacciones que tenías ante ciertas situaciones. Me costó mucho trabajo entender eso, ningún año de terapia (pero al parecer, la idea de que me URGE encontrar una terapia adecuada es un común denominador entre ciertas personas a mi alrededor, no estoy cerrada a eso…), pero sí mucho trabajo. Y realmente no lo había entendido, lo había de alguna forma superado, pero no lo había entendido hasta hace dos semanas.

La historia es la siguiente, en mis años mozos había un muchachillo al que yo quería bastante. Me encantaba todo de él y como era mi noviecillo pues me sentía en la grande, tenía todo lo que podía querer y necesitar y mucho más. Después de varios años de la que yo consideraba hasta hace unos 3 años como la mejor relación que había tenido en mi vida, un día de la nada simplemente me cortó. ¡Sí, tuvo el descaro de cortarme! Obvio me dijo lo que siempre se le dice a la persona que estás cortando: no eres tú, soy yo… quiero dedicarme a la escuela… quiero pasar más tiempo con mis amigos… me quiero casar contigo pero ahorita no es el momento… quiero vivir más cosas… ya saben, clásico break-up infantil. Anyways, obvio yo estaba completamente devastada. No dormía y lloraba día y noche y noche y día. Sí lo extrañaba mucho, pero yo lloraba porque estaba segura de que el sujeto en cuestión, llamémosle Eloy, era el amor de mi vida (jajajaja!) y no entendía qué había pasado de la noche a la mañana que lo había llevado a tomar la decisión de cortarme.

Pasé años dándole vuelta al asunto, cada vez de manera más esporádica, pero aún así pasaba por mi cabeza de vez en cuando. Mi teoría de que la gente no cambia no me dejaba pensar que a lo mejor había cambiado, que ya no era el amor de mi vida y que a lo mejor ya ni nos caíamos bien.

Entonces hace dos semana me di cuenta. Eloy se ha esforzado tanto por ser la misma persona que era hace 12 años que constantemente está cambiando sin darse cuenta. Todo a su alrededor cambia, sus amigos ahora tienen más y nuevos amigos y los grupos que escuchaba ya se separaron. Pero él insiste en lo mismo. Instiste en cantar canciones de Jumbo y la Gusana Ciega, insiste en sus mismos amigos que, aunque lo siguen siendo, también tienen nuevas vidas que fueron haciendo afuera del mismo círculo de amigos de siempre.

El problema es que Eloy constantemente busca regresar a esa zona de confort en todos los aspectos. Trata de lograr que nada cambie a su alrededor a través de no cambiar él. Pero no se da cuenta de todo lo que está dejando pasar por no querer cambiar. Lo más curioso es que él decía la frase: “el que no arriesga, arriesga más…” ¿la seguirá diciendo? ¿realmente se arriesgará a algo?

Sí algo aprendí con mi plática con Pablo es que la vida está hecha de una línea recta con repetidas desviaciones. Puedes seguir siempre por la línea recta (ejem, Eloy) y probablemente tu vida estará “bien”, simplemente bien a secas. Pero son esas desviaciones las que hacen que todo valga la pena, tomar esos pequeños (o grandes) riesgos. Si las cosas no salen bien simplemente regresas a la línea recta y sigues tu camino. Pero si esa desviación sale bien entonces se abre un mundo entero de posibilidades que jamás hubieras conocido desde tu triste y pequeña línea recta.

Ahora tengo 26 años, tomo vodka, como kilos de palomitas al año, escucho a Dave Matthews Band, escribo cosas que me hacen feliz y no que me depriman, ya no me hace mucha gracia hablar por teléfono ni ir a un antro cada fin de semana. Pero sigo sin ser fan de los microbuses. Y todavía me gusta Savage Garden. Hay cosas que efectivamente, nunca cambian. Pero buscar quedarnos como éramos hace 10 o 15 0 26 años es simplemente absurdo. Think about it, mi cuarto estaría lleno de posters de Showbiz Pizza.

Pd. Hablar de Eloy me hizo recordar una canción que escuchabamos mucho (de hecho, una vez la quemó dos veces en el mismo cd… muy hábil para la tecnología…). Enjoy.

Como arrancar una curita

Dicen que es como arrancar una curita, que tienes que hacerlo rápido para que no duela. ¿Pero qué tal que aún así duele? Mi experiencia en los últimos casi 26 años me dice que duele, no importa lo mucho que la quieras quitar, no importa lo mal que huela tu dedo después de 10 días bañándote con la misma curita, no importa que haya cambiado de color tu piel por haberte asoleado y esa pequeña parte de tu dedo grosero sea más blanca que el resto, el punto es que en cuanto la empiezas a arrancar te duele más que nada (según tú) hasta ese momento. (Las personas que dicen eso, cláramente son hombres o nunca han experimentado el horrible dolor de depilarte el área del bikini… pero bueno, vayamos con el dicho popular pues…).

Así que, al parecer, una vez arrancada la curita (o la cera, yo sé que están pensando en eso niñas lectoras), todo es paz y tranquilidad, el equivalente médico a después de la tormenta siempre llega la calma, que es exáctamente lo que te hace querer arrancar la curita en primer lugar, la promesa de un dedo sin disparidad de color que vendrá al hacerlo. ¿Pero qué pasa si cuando arrancas la curita, tu dedo sigue viéndose disparejo?

Conocí una historia así de traumática alguna vez. Una niña que iba en mi escuela llegó un día con un parche en la nariz. En las filas para rezar (sistema Maciel, no me juzguen) se podía escuchar a montones de niñas especulando sobre la razón del parche de quien a partir de ese momento fue conocida como “Patch”. Patch no decía nada. Mi bolita y yo estábamos convencidas de que se había operado la nariz, pero otras juraban que le habían pegado y unas más, que tenía lepra y la estaba cubriendo (tampoco las juzguen, en aquellas épocas solo nos hablaban en la escuela de cómo la Madre Teresa de Calcuta cuidaba leprosos, era una enfermedad que nos llamaba mucho la atención).

Pasaron los días y el parche de Patch no desaparecía. Las de la teoría del golpe decían que seguro le seguían pegando, las de la lepra pues que claramente no se había curado y nosotras simplemente pensabamos que lo que buscaba era que todas nos olvidáramos de su antigua nariz. Conforme fue pasando el tiempo, las teorías fueron cambiando. Las de la lepra cambiaron por completo (después de googlearlo y ver que no podía ser eso, claramente) y decidieron que el parche era consecuencia de una enfermedad degenerativa que la hacía tener arrugas a temprana edad (al parecer solo supieron googlear “lepra” y nada más), las del golpe insistían y nosotras evolucionamos a la teoría de que ahora no se podía quitar el parche porque la nariz tenía un color completamente distinto al resto de su cara.

Después de aproximadamente un año, un buen día Patch llegó sin parche. Nuevamente se escuchaban niñas susurrando durante el rezo y Patch no decía nada. Resultó que ni tenía lepra, ni una rara enfermedad degenerativa que le hacía tener arrugas a temprana edad, ni le pegaban (que pudiéramos comprobarlo) ni se había operado la nariz. O a lo mejor sí, pero después de un año ¿quién se iba a acordar de cómo era su nariz? Lo que sí es que definitivamente su nariz era mucho más blanca que el resto de su cara y eso era MUY notorio.

Así que la pregunta es ¿qué pasa si aquello que te prometen al arrancar la curita nunca se cumple? Hay tantas cosas que son al revés, como tomar. Cuando tomas, primero la pasas bien y luego la sufres, no hay promesas sin cumplir que te puedan decepcionar. Pero en este caso sí. Entonces ¿debemos aventarnos así nada más y sin pensarlo a arrancar la curita? ¿O debemos pensarlo con cuidado, valorar las opciones y después tomar la decisión?

No. Simplemente no hay que pensarlo, hay que arriesgarse y aventarse a que efectivamente el caldo pueda salir mucho peor que las albondigas. Si piensas dos veces a lo mejor la otra opción ya no está disponible, a lo mejor se venden esos zapatos que te encantaron y que costaban mucho más de lo que podías pagar, a lo mejor el dedo se grangena y se te cae.

Así que hoy, sin pensarlo dos veces, tomé una decisión que cambiará mi vida (no por sonar dramática, simplemente creo que todas las decisiones que tomamos nos cambian la vida). Ahora solo me falta arrancar la curita y ver el resultado. Wish me luck.